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martes, 14 de abril de 2015

TRES DÉCADAS Y UN LARGO VIAJE


Este lunes vino con emociones. Al recordar en Tinta Amarilla este 13 de abril de 2015 la efeméride del mismo día de 1985, una colección de llamadas de amigos de la época, de protagonistas de aquel ascenso, volvieron a revivir con quien les escribe aquellos días de magia en la isla. El arcano de internet también los rescata, con imágenes de un momento feliz en la historia de la UD Las Palmas y del deporte canario en general.

Aquel equipo de Roque Olsen barrió en la Segunda División de forma autoritaria. Subsanó con su ascenso una herida abierta en 1983, cuando la UD Las Palmas perdió la categoría tras 19 años ininterrumpidos en la élite y después de haber firmado sus mejores temporadas. Algunos miembros de la plantilla del descenso permanecieron para restaurar la categoría. Entre ellos, Pérez, Manolo López, Felipe Martín, Mayé, Farías, Luis Saavedra, el mismísimo Félix Marrero, ... Otros jóvenes llegaron con fuerza como Juanito Rodríguez, Javi Campos, Benito, Javi Melián, Alexis Trujillo, Narciso, Julio Durán, Román, Miguel Ángel Cabrera, ... y, cómo no, esos dos chilenos magníficos que se metieron en la piel de la afición grancanaria como únicos exponentes del fútbol exterior: Fernando Santís y un genial Koke Contreras.

Las Palmas vivió su penúltimo ascenso hasta ahora. Y viene aquella gesta, la más temprana de cuantas logró el equipo amarillo para dar un salto a Primera División, a rescatar el valor de lo que entonces se hizo, de la proximidad en la que se encuentra ahora este 13 de abril de 2015 la plantilla de Paco Herrera con apenas nueve batallas que resolver, cinco de ellas en el Gran Canaria.

De las 32 últimas temporadas, en sólo cinco estuvo la UD Las Palmas en Primera División (de 1985 al 88) y del (2000 al 02). Generaciones de aficionados amarillos que hoy se emocionan en sus gradas no han visto o han disfrutado de forma escasa de su equipo batiendo o combatiendo con el Real Madrid, Barcelona o Atlético. E, incluso, los hoy músicos de Naciente -que también fraguaron su constitución en ese mismo año- en su mayoría apenas tienen breves nociones de lo que han representado o pueden representar este escudo de los cinco unidos en el teatro español del fútbol de Primera.

Las Palmas está muy cerca de su destino. Tarde o temprano lo va a encontrar tras la más larga etapa del club en la Segunda División. Se quedó apenas a dos segundos en 2014 de arribar en él, con un castigo desproporcional que pocos clubes han podido sufrir con la contundencia de aquel 22 de junio. Pasaron a la historia del fútbol canario esos nombres que hemos citados y algunos más, que hoy hablan con orgullo de algo que ocurrió hace tres décadas. Esa hazaña la tiene alcance de sus manos el club, los jugadores de Paco Herrera y, por su puesto, los que le rodean.
Ese viento del 1985 (el del 1951, 54, 64 o 2000) ha de volver para conquistar un objetivo que habrá dado sentido a estos años de sinsabores, sacrificio y coherencia en la administración del club. Desde hace tiempo merecen ese cielo.

lunes, 9 de febrero de 2015

FAVORES, NO; JUSTICIA, SÍ


La UD Las Palmas acude otra vez esta semana al Comité de Competición y/o Apelación (si procediera). En esta oportunidad para discutir vía federativa al asturiano Areces Franco, autor del arbitraje del Ángel Carro, la macabra interpretación del Reglamento en la tarjeta mostrada a Nauzet Alemán. Tiene tarea el gabinete jurídico del club ante la desprotección que precisamente están padeciendo algunos jugadores y el equipo en general. Es el único derecho que le queda porque todo lo demás se extravió en Lugo, salvo el liderato.

Es la de la cartulina una batalla pequeña, pero es en realidad un episodio de una mayor que se ha desatado. La tarjeta amarilla a Nauzet por mostrar sus espinilleras y lanzar un mensaje de cariño a su hijita y padre, es una ilustración clara de la doble manera de interpretar las reglas del juego. Conviven en el Reglamento la precisión cirujana para pitar un penalti imaginario -a criterio humano- o una cartulina amarilla por "celebrar de forma ostensible" un gol; frente a pasar de largo como lance del juego pisotones, agarrones, patadas o manos. O percatarse de que un amarillo golpea (?) a otro del Zaragoza y obviar en pleno rostro del cuarto árbitro la agresión sufrida por Ángel López. Dos vías con un libro de ruta mal confeccionado, impreciso, ambiguo ... que puede dejar indefenso a deportistas leales con el espectáculo.

¿Quién ha dirigido a este terreno al equipo líder?. ¿Qué está pasando?. El Reglamento debe tener la misma lectura para los dos competidores, por igual. Pero llama la atención un partido como el vivido este domingo en Lugo, donde el equipo que dominó de forma abrumadora y abusiva el encuentro acaba con tres tarjetas más que su oponente (siete en total) sin apenas dar una mala patada, además de ser castigado por un inexistente penalti en contra, sufrir fueras de juego imprecisos algunos, que merecen al menos el debate, y la sensación general de que algo más se quedó en feudo de un equipo al que, en circunstancias de cierta lógica, pudo haber goleado. Nadie de los que actúan quiere o debe hablar de ello, porque las represalias existen o se temen.

No es la primera vez esta temporada que los jugadores de la UD Las Palmas y su cuerpo técnico se van a acostar un fin de semana para pelearse con la almohada después de ser golpeados con la ambigua letra del reglamento o por la apreciación subjetiva de un colegiado. Ya es demasiado el 'factor humano' y el perjuicio es innegable. El club ya ha tomado medidas y son apreciables: los jugadores guardaron silencio en sus cuentas personales tras el partido y el técnico elogió al colectivo arbitral adjudicando a la suerte (infortunio) la causa de los últimos acontecimientos. La verdad queda de puertas hacia dentro. Porque lo innegable es que es líder ha sido zancadilleado y en más de una ocasión, impidiéndole galopar con la mochila cargada por los méritos acumulados. El reguero de puntos que queda atrás por errores inducidos es importante. Y esa sangría la debe abortar, con el Reglamento en la mano. Favores, no; justicia, sí.

jueves, 18 de diciembre de 2014

"VOLVEREMOS A SER GRANDES"


Cuando todo comenzó en la primera semana del mes de noviembre de 2004, la UD Las Palmas estaba en lo más profundo del pozo y camino de firmar la peor temporada deportiva de su historia. Cuando Iñaki Urquijo se presentó en los Juzgados de Reyes Católicos por sorpresa, en el club no había papel higiénico para su personal usuario, había cortes de suministros y la desazón cundía por todos sus rincones. El Palacete de Pío XII, su emblemático poder, se caía a cachos sin capacidad de abrir caudales de financiación a causa de los embargos. El equipo era noveno clasificado del grupo I de la Segunda División B, por detrás -entre otros- de Universidad y Vecindario. El enfado popular era insaciable; el enfado interno, mayor todavía tras superar apenas con la herramienta del cariño al club una reciente huelga de todos sus profesionales. Ese era el panorama que encontró el Juez Juan José Cobo Plana cuando el club grancanario llegó hasta su despacho, en estado agónico y con una legión de acreedores que hacía inviable el siguiente amanecer. La montaña de 72 millones de euros parecía insalvable.

Cuando todo comenzó, la UD Las Palmas iba camino de ser una leyenda extinta del deporte canario. "Hay que dejarla morir con dignidad" llegaron a pedir en público insignes políticos de la isla y del país. Nadie daba un paso por ella y sus administradores estaban desbordados. El destino, sin embargo, se empeñó en que en ese momento de la historia de un club tan enraizado apareciera un adalid gestado en el pueblo llano, un líder joven y audaz, un creyente atrevido que no veía barreras sino soluciones, un hombre con una sensibilidad fuera de lo común desafiante a cualquier reto. A ese invencible le captó de inmediato el juez del concurso 6/2004, que se percató de que él mismo estaba yendo muy lejos para convertirse en presidente de una empresa imposible, ajena a su propio papel social.

Cuando Miguel Ángel Ramírez cogió la batuta del proceso se quedó virtualmente sólo. "Es como si hubiese un problema con La Playa de Las Canteras o con el Roque Nublo. Tenía que movilizar a toda la sociedad canaria para salvar a la Unión Deportiva". Y lo ha hecho. Le vimos fajarse con todos, negociar para buscar soluciones y luchar para que hasta el club no se volvieran a acercar los vicios maliciosos que casi le llevaron a la muerte. Se partió la cara en todos los foros con la bandera del club al que primero había aplaudido, abandonó virtualmente su puesto en la empresa porque le abrumaba el fútbol, se sentó con políticos, empresarios, aficionados, jugadores, periodistas y hasta con el balón para convencerles que había que buscar la puerta de salida.

Miguel Ángel Ramírez también se ha transformado en estos diez años en los que ha recibido más golpes que felicitaciones por ser caudillo de esa empresa imposible, luchar por un símbolo de Gran Canaria al que no quería dejar morir. Ahora es mejor presidente que entonces y caminante ilusionado hacia el 2015, donde se avecinan días apasionantes. Este jueves tenía motivos y argumentos para desvelar por qué salvar a Las Palmas parecía una quimera y, también, pasar facturas a aquellos que no colaboraron y dieron la espalda. Y, sin embargo, fue elegante y gentil; una respuesta propia con el cargo que ostenta y con la gente a la que representa.

De aquellos días de 2004 a la realidad actual del club: líder de Segunda División, con una cantera orgullo de Canarias, con un trozo aún de deuda (13 millones) a reducir hasta 2027 y con un Estadio a punto de volver a convertirse otra vez en un teatro de fútbol. Paralelo a ello, el avance popular de un sentimiento que vuelve a afianzar las raíces entre los amarillos de la patria chica. Pero la máquina ambiciosa del presidente no ha cesado: "Volveremos a ser grandes. Si logramos el ascenso, lo siguiente es Europa".
Tras la tortura de una década se avecina otra apasionante. Con una moral así es inimaginable perder esta batalla.